Ensalada de tomates

Difícil abstenerse de opinar ante la colosal avalancha de promoción que ha generado la llegada del nuevo juguete de la TV de paga. TOP CHEF ya fue grabado y ya acabó. Se conoce al ganador. No, nosotros somos inocentes, no sabemos quién es. Siendo poco afectos a los realities, solo observamos distantes la gran fiesta, aunque hay quien insiste en que ésta sí ofrece muchas riquezas de producción, escenarios y esfuerzos legítimos.

El diseño del roster de chefs es claro desde el principio, y presenta a estos tres como los favoritos, no por su trayectoria o su gran curricula, sino por su entrega en la mesa, sus intenciones en el plato y su capacidad para sorprender, a través de canalizar una inquietud creativa que parece que los lacera, si no la liberan.

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de Eduardo Morali

Sea como sea los 16 participan en un programa de entretenimiento. Por más que sus benefactores y coristas le busquen aportaciones y conclusiones intelectuales de bote pronto, se trata de un chow, y su valor es solamente ése. Habrá quien nos califique de ilusos, poco visionarios, ciegos y hasta haters. No hay tal, emitimos simplemente un juicio frío, sin emociones, a pesar de las empatías que nos generen algunos participantes en el “mitotev”.

A la cocina en GOURMAND, la dejamos para la mesa, todo lo que sucede alrededor, hoy en día, nos parece, se ha convertido en una feria de vanidades más glamorosa de lo que es la brega real en las cocinas, caracterizada por gritos y sombrerazos, prisas, necesidades básicas, problemas inmediatos a superar no superables, mucho calor  y cazuelas chocando, mientras alguien en alguna esquina se rebana un dedo o se saca una ampolla, y otros lavan platos.

Quien ingresa en el mundillo gastronómico actual, se encuentra con un medio en donde los valores de pasión por la cocina, se ven doblegados por los sabores del poder y la ambición remunerada, a veces muy bien, como nunca antes, gracias a escenarios como éste y lo que atraen como resultado. Con todo el entorno gastro- mexicano dando espaldarazo a un grupo de chefs, y, a través de ellos, supuestamente a la cocina en general, el camino es uno: o estás con ellos o no existes.

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Foto Sony

Empero, estar en este show no es un error,  porque la línea del programa obliga al contendiente a mostrar lo que tiene, o lo que piensa que tiene. Al final los resultados pueden ser concedidos de antemano, pero, suponemos que ése no es el chiste en este caso. No somos antagonistas del programa, pero tampoco creemos que sea tan benéfico como lo pintan sus voceros.

Especulamos resultados porque nos parecen lógicos. Matteo Salas, de entre todos, es un cocinero que está transformando el rostro gastronómico de San Miguel Allende,  y suponemos que después de toda la publicidad a la que será sometido, si realmente se queda en la cocina, pueda desbancar a uno o dos de los chefs ungidos, los que se designan por dedo en la afamada lista de los 50 Shit. Cuando pruebas un plato de Matteo, te das cuenta de que su cocina gira en otras ligas y sus alcances reúnen todo lo que quieres: estética, ingrediente, aromas, sabores, armonía y permanencias. Dicho en el orden que desees.

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Eduardo Morali es tremendamente inquieto, explora y se equivoca; aprende y no repite errores; logra y acomoda; se emociona y recrea lo hecho, como la cadencia final de una obra sinfónica que se niega a concluir. Exhibe valores artísticos poco comunes, un temperamento explosivo, pero mucho temple y visión. Sus horizontes son simples, persigue el éxito pero no intenta complicarse la vida permanentemente. Ama la cocina, pero quiere vivir bien, y creo que si mantiene los pies en la tierra, luego de este huracán de promoción, alcanzará la madurez como un cocinero de características únicas, nuevamente, poco comunes.

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Fernando  Martínez  Zavala  es un chef que se conoce a través de la extraordinaria capacidad para investigar, recrear y producir versiones camaleónicas de platos de los que usualmente tienes el sabor registrado en la punta de la lengua. En su propuesta se percibe intensidad, profundidad y resultados que atrapan tus sentidos y te mantienen pensando en su cocina, aunque vayas a su restaurante poco. Sería interesante verlo transitar por otras exigencias, que no son precisamente las que domina en Yuban.

 

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Nos da lo mismo quién triunfe, creemos que la cocina mexicana, per se, no ganará lo que dicen con el show, o ganará muy poco, porque lo que necesita nuestra cocina está ligado intrínsecamente a las necesidades no satisfechas del campo; a los productos transgénicos; al cambio climático y el poco esfuerzo que hacemos para combatirlo; a las escuelas que te sacan chefs bien rapidito; a la necesidad de estudiar eufóricamente. No se necesitan más chefs sino mejores cocineros, cultos, bien educados, con capacidad para transmitir riqueza. No vale tanto la pena ver cómo se encumbra a uno o a 12 para que inspiren a decenas de batallones de muchachos a que ambicionen ser chefs pero nunca cocineros. Aunque  esto de la tele y el programa, es simplemente un asunto que puede resolverse apretando un botón, si no te gusta, le cambias.

En cuanto a los jueces, los tres, salvo ella, tienen una reputación intachable en la cocina. Creo que Martha es la sal y la pimienta que necesitaba el show para ser show, simplemente. Ella es como una versión afectada y difusa de una actriz de modales raros y gran imaginación. Con su voz gruesa aportará al show, algo de la dinámica que necesita un show. Por tanto, les va bien. Para nuestro gusto y afán especulativo y ya para no volver a mencionar el tema: ganará  cualquiera de estos tres.