Entre las calles de Campos Elíseos y Lope de Vega, este minúsculo restaurancillo tiende un par de mesas sobre la banqueta y se concentra adentro, donde no caben bien más de 20 personas. Sólo atiende un mesero, aunque llegue Loret de Mola y un ex secretario de la república.  En la cocina tampoco habrá muchos cocineros. Todo es chico, pero con una elegancia medida, atractiva, si se quiere.

Hedonia es un proyecto de colaboraciones múltiples. Varios chefs anidan sus rectas en un solo menú. El espíritu de la cocina transita entre los español y lo nacional, aunque prevalece el primero. Los platos pueden sorprenderte. Hace mucho tiempo que no lo visitábamos y encontramos un pequeño coto culinario de proporciones amplias en boca. El menú degustación da para probar casi medio menú, pero nosotros preferimos la experiencia tradicional: á la carte.

Dos entradas, dos tiempos fuertes, un postre y ya está. El plato más caro no supera los 280 pesos y es un chuletón, pero antes hay cosas que te acarician los sentidos, como su huevo de granja (en foto) que virtualmente nos llenó la boca de deleites. Pero el Ravioli de  queso con su manzana laminada y sardina marinada del Chef Gonzalo Pañeda es un bocado inusitadamente bien compuesto y sorpresivo.

No entregaron bien el pescado, que cocieron de más, y la excusa no me dejó satisfecho, aunque su mayonesa de cilantro y el término de las verduras, realmente aportaban al gusto. La carrillera de cerdo, con tierra de amaranto presenta cuatro doblones colocados en fila sobre la tierra de chocolate que destaca sabores rústicos de excelente nivel. Luego una torrija caramelizada con crema inglesa que me dejó con ganas de algo más tradicional, pero que hilvanaba bien con todo lo demás.

Hay algo que desconcierta en el sitio y que parece abandono. La lista de vinos no tiene surtido, aunque sus precios apetecen. Puedes llevar tu botella y pagar 150 pesos por descorche. Más que razonable. No se siente tampoco muy visitado pero uno entiende que el restaurante es más un escaparate para el negocio de “catering” que para hacerse rico con él.

Y con todo, el pescado mal presentado que no compensaron con una disculpa formal, y que el vino está ausente y todo eso, ya quiero volver, porque de verdad viene bien un sitio así.