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LAS NUEVAS COCINAS DE LA COLONIA JUAREZ

26 jueves Feb 2015

Posted by degourmand in RESTAURANTES

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La colonia Juárez aspira a ser como la Condesa y La Roma. Tiene con qué. Sus calles históricas, las fachadas señoriales de Havre; su proximidad con todo, con el centro, la “zonaja” y los corredores culturales Roma-Condesa, la hacen un sitio afin a la cultura post-hipsteriana. Se llena de olores a corrientes modernas y tendencias.

Hace poco, aquí se instalaron dos restaurantes que ya cuentan su historia e inspiran una visita a la zona, sin olvidar la Panadería Rosetta, que tiene aquí en Havre, una réplica de la matriz en Colima, Roma.

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La Fonda San Diego: Comida corrida muy hip

Havre 69, Juárez

El lugar tiene una facha  maravillosa. Es fonda, gastro pub en el día y bar y antro, de noche. Descansa sobre la calle de Havre en una casa que está protegida como patrimonio, dice el mesero.

La cocina juega con un concepto que no puede sostener. Muy hipsteriano, o pandrosón wannabe: “as you wish”. Ofrece un menú de cuatro tiempos por poco más de 200 pesos que puede tener una sazón interesante pero no le alcanza como para enamorar al paladar. Ha cambiado tres chefs en nueve meses, quizá esto lo explique todo. Aunque se defiende con platillos como las croquetas de marlín por las que podría matar y un ceviche de hongos que no canta más las rancheras. De ahí en “delante”, la cocina queda a deber.

Por las noches es otra escena, el lugar invita a “pernoctar” en esas mesas de taberna, “comunales”, les dicen, y a disfrutar de buena música y tragos que se saben con clase, interpretando el espacio al calor de montaditos y tapitas de menos expresión pero igual, más sabor. Habría que ver. Buen servicio. La lista de vinos tiene caldos a buen precio y dan ganas de invadir el sitio de noche, con otras perspectivas menos gastronómicas.

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Paprika: intensidades y sutilezas

Marsella 61, Juárez.

Abrió en la Juárez hace un mes y ha alborotado al mundillo de los “yummies” y la prensa especializada. El nombre de la chef Josefina Santacruz es un atractivo por “default”, sobre todo después de los resultados en boca de Sesame, en la Roma.

Paprika no compite con otros sitios. Su oferta, como Sesame, una fusión de cocinas de países árabes, con acento en Marruecos, es una propuesta sin par. El asunto escénico es totalmente cálido y lo que recibes en la mesa, o resulta interesante o francamente suculento. No hay merma en la oferta y para juzgar el comensal tiene pocos instrumentos.

La recta a seguir es poner todo en la mesa y compartir. Pero inicien con una “vírgen”, un trago muy en línea con las modas cocteleras y que supone mezclas con elementos más sanos, especias, té, etcétera, y sin alcohol, aunque los hay con él.

Pide pan tipo tostada (con uno de sus untables (mahammara) que suelen ser groseramente deliciosos y ataca algunos platos como éstos que mostramos, aunque la salchicha al curry es fenomenal y la berenjena te cambia el concepto de cómo degustar esta verdura. El menú no te lo acabas en una sola visita. El sitio te invita a regresar.

Las noches de los twitazos

26 jueves Feb 2015

Posted by degourmand in RESTAURANTES

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El periodismo enogastronómico de hoy, parece institucionalmente circunscrito al “valor”, si realmente lo tiene, de un twit. El oficio del periodista ha sido rebasado, reciclado y esclavizado por el uso intensivo , tal vez “ad nauseam”, del celular y sus ventrículos escupe frases.

Porque decir algo breve e inteligente, que tenga un largo no mayor a 140 caracteres, realmente exige una exactitud perversa; un dominio de lenguaje excelso y una enorme capacidad para vomitar sabiduría en pocas palabras. Si bien, cuando asistes a la escuela de periodismo, eso mismo te enseñan, ubicados en una mesa, salpicados de comentarios fatuos para demostrar presencia; egos encontrados tramando el próximo movimiento o la siguiente sonrisa; envidias lacerantes manifestadas con rostro ameno; carreritas para ver quién es el más fregón; actitudes prepotentes enfundadas en sacos raídos o satines baratos; ignorancia desatada e instalada en una vorágine virtual cuyo mayor logro es un ritwit y otro, encadenado a otros, los de los que participan, para así lograr miles de impactos por  noche y demostrar existencia, valor, y moda; la posición de un informador se vuelve ilusa y elocuentemente fútil

El frívolo ejercicio de asistir a una cena de estreno de menú de temporada, o un encuentro enológico, se torna en una cumbre de actitudes, más o menos republicanas para comentar en twitter lo que ofrece un vino o un plato. El evento para mi es tenso porque significa sacar una foto, comprometer tu lengua, escuchar a quien expone, eludir la estupidez de algún compañero y luego tomar foto, degustar y escupir lo vivido en un twit que salpique a todos los de ahí para crear un enjambre de “credibilidad” que repique en el “top of mind de la gente”. Claro, y lograr, como resultado, que otros vengan a dejar plata a las mesas o compren los vinos, porque “lo vi en un twit, dicen que es buenísimo”.

He visto compañeros que no han probado ni un “sip” de vino, ni un primer “chunk” de algún platillo, pero ya señalan a la cena como espectacular y espléndida; y a los vinos como “vinazos”. Y como lo más fácil es atacar con superlativos, los twits se llenan de alabanzas, moldeadas de una forma barata y a veces lastimera, en donde la odontología o la ortografía dan exactamente lo mismo, porque ninguna se sigue con celo.

Los “twiteros”, como ahora te clasifican, somos una casta barata, pero necesaria. Te llaman por el número de seguidores que tengas, no por la esencia de lo que digas. Te contactan con un twit que dice: “twiteros de enogastronomía, manifiéstense”, y hay algunas decenas, organizadas en enjambres, dispuestas a acudir. ¿Y a qué van? A comer bien, twitear que todo está bien; todo es perfecto; todo es yummi; todo es espectacular, y así seguir engordando la cuenta de seguidores, para que te sigan llamando y algún día generes lana de todo esto.

Por eso todos los días surgen twiteros del tema, porque lo que buscan viene gratis, lograr notoriedad, y de paso ejercer el hobby favorito: tragar. Ante tal panorama el mundo sensato del periodismo enogastronómico, podría decretarse: ha muerto.

Alguien me pregunta: ¿y cuál crees que sea el futuro del periodismo y este mundo de redes sociales vinculada a la gastronomía? No sé contesté. Su función no puede destilarse para que sólo lo bueno prospere en redes; pero la afluencia de nuevos “runners” satura las redes de autocomplacencias, y en este sentido el valor periodístico, es casi ínfimo. No sé, finalicé, es doloroso pensarlo.

HEDONIA: cocina de gustos finos

26 jueves Feb 2015

Posted by degourmand in RESTAURANTES

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Entre las calles de Campos Elíseos y Lope de Vega, este minúsculo restaurancillo tiende un par de mesas sobre la banqueta y se concentra adentro, donde no caben bien más de 20 personas. Sólo atiende un mesero, aunque llegue Loret de Mola y un ex secretario de la república.  En la cocina tampoco habrá muchos cocineros. Todo es chico, pero con una elegancia medida, atractiva, si se quiere.

Hedonia es un proyecto de colaboraciones múltiples. Varios chefs anidan sus rectas en un solo menú. El espíritu de la cocina transita entre los español y lo nacional, aunque prevalece el primero. Los platos pueden sorprenderte. Hace mucho tiempo que no lo visitábamos y encontramos un pequeño coto culinario de proporciones amplias en boca. El menú degustación da para probar casi medio menú, pero nosotros preferimos la experiencia tradicional: á la carte.

Dos entradas, dos tiempos fuertes, un postre y ya está. El plato más caro no supera los 280 pesos y es un chuletón, pero antes hay cosas que te acarician los sentidos, como su huevo de granja (en foto) que virtualmente nos llenó la boca de deleites. Pero el Ravioli de  queso con su manzana laminada y sardina marinada del – Chef Gonzalo Pañeda es un bocado inusitadamente bien compuesto y sorpresivo.

No entregaron bien el pescado, que cocieron de más, y la excusa no me dejó satisfecho, aunque su mayonesa de cilantro y el término de las verduras, realmente aportaban al gusto. La carrillera de cerdo, con tierra de amaranto presenta cuatro doblones colocados en fila sobre la tierra de chocolate que destaca sabores rústicos de excelente nivel. Luego una torrija caramelizada con crema inglesa que me dejó con ganas de algo más tradicional, pero que hilvanaba bien con todo lo demás.

Hay algo que desconcierta en el sitio y que parece abandono. La lista de vinos no tiene surtido, aunque sus precios apetecen. Puedes llevar tu botella y pagar 150 pesos por descorche. Más que razonable. No se siente tampoco muy visitado pero uno entiende que el restaurante es más un escaparate para el negocio de «catering» que para hacerse rico con él.

Y con todo, el pescado mal presentado que no compensaron con una disculpa formal, y que el vino está ausente y todo eso, ya quiero volver, porque de verdad viene bien un sitio así.

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